¿Hay tregua comercial entre Estados Unidos y Europa?

Es bien conocido el conflicto comercial iniciado por el presidente Donald Trump, en marzo pasado, al imponer aranceles sobre las importaciones de acero (25%) y aluminio (10%) a varias contrapartes, entre ellas los países europeos.

Autor: Luis Palma Cane en Cronista - 06/08/2018


Como era de esperar, ante esta medida unilateral, la protesta por parte de las autoridades del viejo continente fue inmediata, obteniendo como única respuesta que las medidas en cuestión habían sido tomadas no sólo por razones de "seguridad nacional", sino también en virtud de prácticas comercias desleales que le generaban a los EE.UU. un importante déficit comercial que era necesario corregir.

En mayo, ante la negativa de Trump de rever la medida, a modo de represalia la Comunidad Europea impuso aranceles a importaciones provenientes del país del norte por un valor del orden de los 3500millones de dólares.

Así las cosas, el conflicto se fue extendiendo. En efecto, en su reciente participación en la cumbre anual de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) el presidente Trump -con su característica agresividad e imprudencia- tildó a Europa de "enemigo comercial".

No todo terminó allí: a posteriori de la verborragia desatada en la Cumbre de la OTAN, el presidente de Estados Unidos amenazó con aumentar "sustancialmente" (sic) los aranceles a la importación de autos (la principal exportación de Europa a los EE.UU.), impactando en un monto del orden de los 80 mil millones de dólares.

Nuevamente la "represalia" fue inmediata: de llevarse a cabo la amenaza, Europa impondría también mayores aranceles a la importación de productos del país del norte. Es más, sus autoridades aclararon que estaban dispuestos a aumentar el volumen de las importaciones arancelables tanto como fuera necesario para equilibrar las "sanciones".

La guerra comercial amenaza la expansión del crecimiento mundial.

Esta extensión del conflicto no se dio solamente entre la Comunidad y EE UU sino que -entre otras naciones- también se involucraron China, Rusia, India y Sudáfrica-, las cuales declararon que no estaban dispuestas a soportar la política proteccionista de EE.UU. De igual modo -en reiteradas oportunidades- el FMI, distintos organismos multilaterales y la mayoría de los países avanzados han declarado que la política unilateral y proteccionista de Trump debía detenerse a la brevedad, so pena de impactar muy negativamente en la economía global. Lamentablemente, a la fecha no han tenido éxito.

Sin embargo, recientemente, pareciera que ha comenzado a disminuir la presión de EE.UU. En efecto, días atrás Jean Claude Juncker -Presidente de la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la Comunidad- mantuvo en Washington una reunión con el presidente Trump a los efectos de "conciliar posiciones"

Al término del encuentro, ambas autoridades declararon que habían llegado a un acuerdo para comenzar a revertir el déficit comercial de EE.UU., mediante el compromiso europeo de comprar de inmediato a EE.UU. "miles de millones de dólares" de soja y gas natural; en reciprocidad Trump se comprometió a "analizar" los aranceles oportunamente impuestos al acero y aluminio y a detener, al menos por ahora, la imposición de nuevas tarifas. Asimismo, ambos políticos se comprometieron a analizar la posibilidad de reducir las actuales barreras comerciales. En virtud de este acuerdo, y con su ya clásica ambigüedad, el presidente de EE.UU. declaró que la Comunidad Europea -que, en la Cumbre de la Nato, había sido definida como "enemigo comercial"- constituía "una contraparte apreciada"(sic)!

Ahora bien, ¿este acuerdo verbal (no hay ningún documento escrito) muestra un cambio en la posición proteccionista de la administración republicana o es, simplemente, un ardid temporario en pos de calmar -hasta las elecciones de término medio de noviembre- a los votantes hoy opuestos al conflicto comercial; especialmente los partidarios republicanos de los estados agrícolas del medio oeste, gravemente perjudicados por los aranceles del 25% impuestos por China a los porotos de soja.

Está en juego nada menos que la estabilidad del comercio internacional, vital para mantener la actual expansión de la economía mundial.