UNA TAZA DE TÉ VERDE EN PEKÍN

El inicio de las hostilidades comerciales entre Estados Unidos y China, ya afectan el flujo comercial bilateral. Marzo marcó para el Gobierno de Donald Trump el inicio de una agresiva política comercial externa.

Autor: Por Eduardo R. Ablin Embajador en El Economista - 16/05/2018

La imposición de aranceles a la importación de acero (25%) y aluminio (10%) desde todo origen, sustentada en normativa unilateral sobre seguridad (Sección 232 de la Ley de Comercio 1962), fue interpretada como advertencia a la República Popular China (RPC), proveedora poco relevante de estos bienes a Estados Unidos (EE.UU.).

Más específico, siguió el anuncio de aranceles (25%) a la importación de productos chinos por valor de hasta U$S 50.000 millones, ampliado en U$S100.000 millones, para frenar la "competencia desleal" y el "robo" de propiedad intelectual -evaluados por el Representante de la Oficina de Comercio Exterior (USTR) acorde una investigación (en el marco Sección 301- Ley de Comercio 1974)-.

Bajo esta normativa unilateral se alegan abusos contra empresas de los EE.UU, obligadas a transferir tecnología sensible sin costo ni compensación a sus obligados socios chinos para invertir en la RPC. En adición a las medidas comerciales, el Secretario del Tesoro deberá recomendar acciones restrictivas a la inversión de empresas chinas en EE.UU, en particular en diez industrias del programa "Made in China 2025", en cuyo marco el USTR presume que la RPC impulsa "campeones nacionales" que acrecienten su poder económico y militar hasta alcanzar el dominio tecnológico mundial.

Desde el inicio de las hostilidades comerciales -que afectan el flujo comercial bilateral- ambos países recurrieron a la Organización Mundial del Comercio (OMC), equiparándose las amenazas de contramedidas chinas al nivel anunciado por EE.UU. subordinadas a su calendario de instrumentación. Intentando evitar llegar al mismo, se acordó desarrollar negociaciones en Beijing al iniciarse mayo.

La delegación de EE.UU, conducida por el propio Steven Mnuchin, incluyó a un grupo de "halcones" integrado por el Secretario de Comercio, Wilbur Ross; el Asesor Presidencial de Política Económica Larry Kudlow; Robert Lighthizer (USTR) y el Asesor de la Casa Blanca en Política Industrial y Comercial, Peter Navarro, los dos últimos profundamente hostiles a la RPC. Sorprende que una negociación esencialmente comercial fuera presidida por el Secretario del Tesoro, atribuyéndose dicho criterio a que su área ha coordinado la política económica bilateral durante dos décadas, confrontando a históricos negociadores chinos del Ministerio de Comercio (MOFCOM).

No obstante, en abril, el MOFCOM fue dividido en tres áreas con competencias específicas -incluyendo política antimonopolio y regulación de la propiedad intelectual, relevantes para las conversaciones- perdiendo aparentemente la Oficina de Negociaciones Comerciales su poderío tradicional. Ello refleja una reorientación del poder hacia la nueva Comisión Central de Economía y Finanzas, liderada por el viceprimer Ministro, Liu He, máximo asesor económico del Presidente, Xi Jinping, quien encabezó la delegación china reconociendo la seriedad que China otorga a las inquietudes de EE.UU.

Educado en Harvard, prometió en Davos en enero pasado "llevar las reformas económicas más allá de las expectativas de la comunidad internacional". Lo acompañaron el ministro de Comercio, Zhong Shan, con larga experiencia como Representante Comercial de la RPC, quien presentó en marzo el nuevo plan económico quinquenal, incluyendo el esquema de innovación promovido para convertir a China en la más poderosa nación comercial hacia 2050.

Al viceministro de Finanzas, Zhu Guangyao, conductor del "Plan China 2025", le correspondió enunciar en marzo la política de simetría que aplicaría la RPC frente a las amenazas de EE.UU. Finalmente, al nuevo presidente del Banco del Pueblo, Yi Gang -asociado a la apertura económica por vía de las reformas financieras en curso-, se le atribuyen "lazos internacionales profundos", ya que estudió y enseñó economía en universidades de EE.UU. Los anfitriones habrían contado así con muy sólidos economistas y expertos financieros, aunque menos expertos en el detalle de la normativa comercial multilateral y estadounidense. Enfatizaron su buena relación con Mnuchin, con quien Liu sostuvo varias reuniones individuales, aunque reconociendo menor empatía con Lighthizer y Navarro, belicosos críticos de China de larga data.

El volumen y complejidad de los diferendos no permitían aspirar con realismo a una solución que permitiera disipar las tensiones en un único encuentro, vislumbrándose un prolongado proceso. La RPC demandó un diálogo constructivo, ambicionando reciprocidad y ventajas mutuas en la negociación de los rubros litigiosos, retomando la terminología de la OMC a la que EE.UU. no parece muy afecto al presente. Rechazando toda política intimidatoria, se autoproclamó campeona de la globalización, el librecomercio y el multilateralismo, posición desde la cual aspira a atraer fuerte apoyo de la comunidad internacional.

El plan de la delegación de EE.UU. conllevaba demandas de cambios sustantivos en las políticas chinas, al margen de la reducción del déficit bilateral en mercancías. Así, exigió eliminar todas las medidas distorsivas (subsidios) asociadas a la política industrial del programa "Made in China 2025" -robótica, aviación, vehículos eléctricos y demás- así como el desarme progresivo de los requisitos para la inversión en empresas conjuntas, incluyendo la normativa relativa a la transferencia tecnológica forzosa. Reclamó la ampliación de importaciones de bienes y servicios, incluyendo los de seguros, provisión de datos y computación, la eliminación de las prohibiciones sobre films y otros servicios, y la reducción arancelaria sobre automóviles, ya anticipada por Xi Jinping.

Finalmente, se enfatizó la exigencia de Trump de reducir U$S 200.000 millones del déficit bilateral hacia 2020, junto al abandono de las solicitudes de consultas en la OMC concernientes a acero y aluminio así como al otorgamiento del status de economía de mercado, cuyo genuino establecimiento en China pretende en un plazo razonable acorde sus propios parámetros, a lo que la RPC respondió amenazando con una represalia equivalente en el marco multilateral.

Las metas para la reducción del déficit fueron ineludiblemente rechazadas, observándose que la RPC aspiraba a zanjar aspectos puntuales mientras que EE.UU apuntaba a debatir reformas estructurales en la relación. Así, descartaron el levantamiento de controles a la exportación de bienes de alta tecnología desde EE.UU, así como la radicación de empresas chinas con elevadas capacidades como Huawei, considerando que el acceso inversor a EE.UU. es amplio, sólo limitado por razones de seguridad. La RPC considera que sin acceder a EE.UU sus empresas no podrán globalizarse, evidenciando su convicción en la creación de "campeones nacionales" con avanzada tecnología promovida por vía de políticas industriales lideradas por el Estado.

El paquete de EE.UU. equivalía a una rendición, provocando la reacción china, que reclamó realismo, racionalidad y pragmatismo, prescindiendo de demandas inaceptables y contrarias a la soberanía de la RPC para la fijación de sus políticas autónomas. Tal vez lo más grato de los dos días fue degustar varias tazas de Mao Feng, Click For Sound un té verde de Huang Shan, la montaña amarilla de la provincia de Anhui.

Cabe concluir que las conversaciones no sólo giraron sobre aspectos comerciales sino que reflejaron concepciones económicas antagónicas, sin lograrse grandes avances, salvo algún consenso para expandir exportaciones de los EE.UU., particularmente en servicios, y eventualmente inversiones en infraestructura para colocar gas, así como mejorar el régimen de acceso para inversiones bilaterales. Subsisten claramente amplias diferencias, para las que el viceprimer Ministro Liu He deberá aportar nuevas iniciativas a ser debatidas en Washington en la segunda mitad de mayo con alguna perspectiva de satisfacer a Trump. Tal vez aproveche para recordarle que necesitará de la ayuda china más que nunca para alcanzar un eventual acuerdo con Corea del Norte.

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Arturo Navarro Consultores

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